Déjà vu. Atrio XX
Se llenan la boca de democracia pero en realidad se refieren a otra cosa ¿por qué le llaman amor cuando quieren decir sexo? Que unos sujetos peligrosos que propugnan sin rubor el totalitarismo como solución de todos los males de la sociedad actual hablen de democracia es como escuchar al lobo preocuparse por la seguridad de caperucita.
Pues eso, que las normas de convivencia para los totalitarios son medios para sus fines que no son otros que el control social por parte de los miembros de la tribu, y nada más. Si sirve para su fines, entonces son demócratas pero si no sirve para implantar una sociedad totalitaria pues entonces critican, desprecian, conculcan las normas y a otra cosa, mariposa. De manera que cuando estos angelitos del infierno critican la falta de democracia en el interior de la Iglesia y se erigen en maestro ciruela e intentan dar clases de democracia uno se sonríe ya porque no cree en brujas. No les interesa la democracia sino la agitación. Todo se pega menos la hermosura.
Por ejemplo hoy tienen una ocasión de practicar con los hechos lo que balbucean con la boca: están otra vez en campaña de linchamiento del que no piensa como los del grupete. Hoy toca a un tal Raimon Llopis, ayer a Miguel González, mañana a otro: ¿el común denominador? no ser insultón contra la jerarquía y tener libertad de pensamiento, es decir, no claudicar ante el totalitarismo progre. Eso es una osadía en un foro de todo a cien. Los comisarios le acusarán de fascistas y las comisarias de machismo. Por ahí van los tiros.
Se repiten como el ajo, los jodíos.
Miguel González