Vuelta la burra al trigo. Atrio.org L

Publicado en por Miguel González

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Los teólogos son una suerte de talismán para algunos creyentes adscritos a lo que se ha dado en llamar la progresía andante, al igual que ocurre con la fascinación que ejercen los científicos sobre el llamado hombre de la calle. Los teólogos han sido investidos por reducidos grupos eclesiales de una suerte de aureola de artesanos de las escrituras que dedican su tiempo a escudriñar los entresijos de los textos sagrados de una manera más o menos sistematizada y seria con el fin de redefinir todo el ámbito de lo sagrado. Son los fontaneros del cristianismo.

 

Lo poco gusta y lo mucho cansa, dice el refrán. Una cosa es el estudio aplicado y otra, bien diferente, la búsqueda torticera de la anécdota fútil, el detalle insustancial que persigue como único objetivo el contradecir las prácticas tradicionales como pretexto para insultar a los administradores de las cosas sagradas. Eso e incurrir en la llamada falacia del accidente, viene a ser lo mismo. Consiste la citada falacia en tomar una propiedad accidental como algo esencial. En román paladino se llama también a esto coger el rábano por las hojas. Ya conocemos el gusto de la gente por dejarse embaucar por un arbolito solo en detrimento de todo un bosque frondoso, amén del afán generalizado de poner en duda toda norma o práctica establecida por la costumbre.

 

De tal tormenta, tal estrago. Y así, vuelta la burra al trigo, dale Perico al torno,  Leonardo Boff, vuelve por donde solía, es decir, a las envidias y demás celos con los cuales apuntala su discurso siempre criticón con la jerarquía de la Iglesia, aderezado con gran aparato y dando claras muestras del complejo de superioridad que le caracteriza y que desarbola su propio argumentario.

 

Se junta así el hambre con las ganas de comer y Boff predica desde las atalayas progres (como Atrio.org) con las cuales coincide en los mismos fines y en no escatimar medios para atacar de manera inmisericorde a los administradores de la Iglesia. Argumentos cogidos por los pelos pero con mucho éxito en las embrutecidas cabezas de grupos y grupúsculos cada vez más leguleyos e ignorantes. Toques y retoques a las fantasías animadas de ayer y de hoy y ya tenemos el cóctel de mariscos dispuesto en la mesa.

 

Del calentamiento global al cambio climático pasando por las puyas a la jerarquía eclesial, juegos de palabra mediante. A eso dedican su tiempo los nuevos teólogos. Y tiro porque me toca. ¡Como que van a tener tiempo estos de estudiar texto alguno ni de rezar ni nada que se le parezca!

 

Miguel González

 

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A


Yo leí en una época escritos de Boff pero ya hace tiempo que no lo trago. Hizo ¡plof!



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R


Curiosa metamorfosis la del tal Leonardo: ahora se sube al carro de los movimientos más cañeros con tal de coger presencia en algo. El evangelio lo han olvidado pero en las técnicas de marketing
son unos maestros.



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