Un mundo mejor. Atrio XV

Publicado en por Miguel González

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De personas religiosas o creyentes nace una sana crítica constructiva frente a la sociedad y sus instituciones porque quien tiene una profunda creencia parte del presupuesto de que Dios hizo un mundo bueno y algunos individuos lo han contaminado con sus egoísmos. Por lo tanto, muchas personas con inquietudes espirituales sueñan sinceramente con un mundo mejor. Porque todo es susceptible de mejora y porque el ser humano siente una voz interna que le impele a superarse siempre.

 

Pero una cosa es un deseo de mejora de las condiciones de vida y otra derribar el edificio y construir una cárcel en su lugar. Ocurre que los más folloneros, como no tienen una alternativa mejor, sólo expelen humo o, peor aún, promueven antiguas recetas de hoja caduca, rancias y fracasadas, modelos sociales totalitarios e inhumanos.  ¿Dónde encontraremos la organización social, política y económica más apropiada para que el ser humano progrese y se desarrolle adecuadamente? Esto es como el dicho mil veces repetido de que la democracia es el sistema menos malo de los conocidos. El sistema económico de libertades es el menos malo. Y el que tenga otro mejor que nos lo venda.

 

Algunos hablan de buscar soluciones cuando no practican más que una hipercrítica despiadada frente a todo lo conocido, y sus propuestas no son más que quimeras. Para estar de acuerdo en soluciones hay que coincidir no sólo en el diagnóstico, sino también en la definición de cada cosa y en el tratamiento a aplicar. Un diagnóstico acertado no es garantía de un tratamiento adecuado. No basta con tópicos ni frases bonitas para que la gente se adhiera a una causa. Y más en estos tiempos en los que la lucha ideológica lo ocupa todo y es muy difícil separar el trigo de la paja. Algunos, por defender a sus amigos, son capaces de dejar que explote el mundo. Los atrieros están en ayunas sobre la caída del Muro.

 

¿Cuántos milenios lleva el ser humano zancajeando por estos caminos de Dios? Al contrario de algunos ateos que se creen capaces de impartir clases de teología y espiritualidad,  yo no creo en el esquema representados por caperucita y el lobo y por lo tanto no me fío de las soluciones simples para un mundo complejo. No se trata de estar en contra de mejorar el mundo, sino que las propuestas de algunos están empañadas de  revanchismos, envidias, malentendidos, cobardías, falsos complejos de culpa, paternalismos tardíos y falsas recetas. Mientras los promotores de otras vías no desciendan al suelo de las soluciones prácticas pueden tirarse unos cuantos milenios más criticando lo que hay. Hacen falta soluciones que no sean una mera partida de juego en el tablero ideológico para ver quién engaña más y llevarse el gato al agua.

 

Mundo mejor, sí; pesadilla, revanchismo, liberticidio, quimera, relativismo extremo, sustitución de la espiritualidad por una suerte de buenos deseos paternalistas y fraternalismo de vía estrecha, no gracias. ¿Por qué los cristianos progres, implacables en su crítica no sólo contra la jerarquía  de la Iglesia sino hacia otros cristianos que no ven las cosas como ellos, no se marchan con la música a otra parte? ¿Porque nadie les toma en serio? ¿Porque su propósito pasa por hacer daño antes que ninguna otra cosa? ¿Porque están imbuidos de presuntuosidad perfeccionista y están picados de soberbia? Una cosa es clara: su adolescente maximalismo insensato les impele a jugar al todo o nada y les condena a estrellarse contra la pared una y otra vez. "Aprended de Él que es manso y humilde de corazón". Predicar en el desierto.

 

Miguel González

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Hoy se preguntan algunos atrieros: ¿Por qué tantos disidentes
católicos necesitáis tanto permanecer dentro de la institución ICAR? 


 


Porque de otro modo no serían nada, una mota de polvo arrastrada
por el viento. Están para ser algo que de otro modo no serían, pero para el teólogo ateo deberían salirse. ¿Cómo van a salir si lo que quieren es hacer ruido?



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