Exégesis. Atrio.org II

Publicado en por Miguel González

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Siguen todavía hoy los “atridas” enfrascados en sus manipulaciones a cuenta de mi cita de un texto de II a Tesalonicenses  3,10: quien no trabaje que no coma. El teólogo ateo (oxímoron, marca de la casa, es que no se privan de nada en ese atrio) hace alarde de conocimientos bíblicos y desmenuza la frase, apoyado por otros exégetas que se quedan mirando el dedo y no ven la luna: si alguno  no quiere trabajar que tampoco coma, corrigen. Plas, plas, plas. No se puede ser más torpe: si quienes propugnan el aborto y la eutanasia están en vuestro lado. Yo estoy en contra de toda canallada. Respeto hasta el estremecimiento de una flor.

 

Vamos a ver si de una vez algunos superan el impulso de manipular, inscrito en el ADN progre que no tiene hartura: jamás escuché la frase quien no trabaje que no coma dirigida a seres  impedidos ni jubilados ni nada por el estilo. A nadie con dos dedos de frente se le ocurre que esa frase se pueda aplicar a  una persona impedida. No hagan más el ridículo. Nada tengo que aclarar, está todo bien claro. La cita, tal como yo la escribí, se ha repetido desde tiempos inmemoriales de forma coloquial para aviso a navegantes aquejados de vagancia (yo trabajo mis doce horas diarios, señor insultón), y he dado trabajo a lo largo de mi vida a cientos de familias, botarate insultón, de lo que estoy muy orgulloso. Es lo que tiene ser un gallito barriobajero con club de fans (de fantas, mejor) en unos tiempos en los que ser barriobajero, irrespetuoso con todo lo que se menea e insultón cotiza en bolsa. Algunos creen que se es grande por meterse con los grandes y quedan en patéticos.

 

Y sigo con mi relato de los hechos.

 

Cuando tropecé 30 años después con alguna de esa gente antañona  me di cuenta de que quienes hablaban de cambio todo el día no habían cambiado un ápice. Me preguntaba ¿qué dirán ahora tras la caída del Muro de Berlín? Lo cierto es que repiten el canto del loro, como si nada hubiera ocurrido y siguen a lo suyo con más saña: el socialismo es un invento de Jesús de Nazaret que no le dio tiempo a desarrollar pero no habrá verdadero cristianismo si no es a través de una sociedad socialista (ergo totalitaria). Y de ese hallazgo pasan a los insultos compulsivos contra los dirigentes de la Iglesia.

 

Pero esto  no cuadra, pensé. Tiene que haber algo más. Al final creo que están pintando el retrato que siempre se hizo de ellos: de tanto hacer el juego se han convertido en la caricatura de lo que se les acusaba: tontos útiles de lo que se ha dado en llamar progresía (abreviado los progres vividores de cuentos). Unos mueven las ramas y otros cogen las nueces. ¿Qué mejor para erosionar a una institución poderosa que los rebotados con la institución a quienes se les da un carguito por aquí, unas subvenciones por allá, presencia en los medios por acullá y los tienes todo el día en las televisiones belenestebeando (permítaseme el verbo que me acabo de inventar) contra el (la) campanario, es decir, los dirigentes de la Iglesia? Esta colección de teólogos tan calladitos y disciplinados en los grupos políticos, sociales, sindicales de su cuerda en los que participan, y tan compulsivamente criticones todos los días (con sus noches) contra la Iglesia. Además se hacen llamar teólogos laicos, teólogos científicos y no sé cuántos otros oxímoron más. Patalean, construyen frases ingeniosas como esa de que son iglesia pero su sueño es que no quede de la Iglesia piedra sobre piedra.

 

Son los represaliados en sus respectivas responsabilidades por querer ir como verso suelto y que han quedado varados en otra época. Algunos se creen el ombligo  del mundo, el tarro  de las esencias; en realidad son cuatro nostálgicos que consiguen congregar a otros cuatro emocionados, más a cuatro feministas radicales con ínfulas, odio y mucha tontería en la cabeza, a quienes se une algún que otro teólogo ateo, con pretensiones,  algún político con discurso y plan de marketing radical que pesca en río revuelto, todos ellos en comandita, en la tarea de enmendar la plana a la naturaleza, al sentido común, a la Iglesia, a Dios y hasta al diablo.  Puro marketing mix, oiga. Reparten perdones y castigos a izquierda y derecha (por ese orden y tal que así); mascullan frases evangélicas como mantras, pero para cuando han llegado al segundo periodo de la frase ya se han aburrido y la abandonan a medio terminar.  Odio en acción. Defensores del aborto, esa salvajada de nuestro tiempo, de la eutanasia, sexo en Nueva York,  pelillos a la mar: lo importante es un mundo sin empresarios en el que los trabajadores vivan de una prestación por desempleo eterno.

 

Y se postulan como alternativa, los muy listos. Ya no cuela ese discurso.

Miguel González

 

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Magníficos comentarios, Miguel.


 


Un saludo cordial.



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