El miedo a la libertad. Atrio IV

Publicado en por Miguel González

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¿Por qué algunos atridas tienen tanto miedo a las opiniones contrarias a las suyas? Pues no es fácil encontrar otra explicación: por una visión totalitaria y esa concepción sectaria de caperucita y el lobo que hace que ellos se sientan los buenos de la película, quienes no se equivocan y los demás somos pecadores que debemos cambiar y tender hacia ellos. Por lo tanto, los malos no pueden intervenir en un foro de perfectos salvo para pedir perdón. Ahí no cabe otra cosa. Y siempre teniendo presente los dos niveles que hay en Atrio: uno el de quienes están en la movida y otra la de los sectarios emocionados que se creen salvadores de una Iglesia de Jesús secuestrada por la jerarquía y tal.

 

Pero la primera imagen que uno percibe cuando llega al foro, ya sea por la supuesta solvencia intelectual de las plumas de algunos escritos sometidos a debate, ya sea por una distorsión de la realidad al conocer a algunos de los intervinientes, es la de encontrarse entre gente desarrollada intelectualmente y en un espacio de debate en libertad, etc. Puro espejismo. Al menos en los elementos más radicales (por sectarios), el ala feminista radical, algún ateo que se conduce como elefante en cacharrería, etc. No se respetan las opiniones contrarias porque no se admite que pueda haber otras opiniones respetables, sólo se admiten las de quienes estén dispuestos a arrimar el hombro para construir… un mundo totalitario y unidimensional. Esa es la realidad. No existen otras  opiniones porque los otros son el enemigo a batir, los malos malísimos, y si se les deja intervenir por aquello de guardar las apariencias de pluralidad, es poco y muy espaciadamente (consejos del moderador). Para no acaparar el debate que es fundamentalmente de los elegidos.

 

Hasta ahí les llega a quienes no están en el tomate. Los otros saben bien qué función desempeñan (jouer un rôle) y para qué están: para insultar con esa política de acoso y derribo que practican a la Iglesia (yo no uso jergas progres, que si ICAR ni otras tontunas) y apoyar las políticas liberticidas de la izquierda. Y también para mover el espantajo de los mitos y mentiras progres allende los mares.  Y cualquier motivo vale como gasolina con tal de que arda.

 

No salí antes de Atrio porque capeé durante bastantes semanas las provocaciones de algunos elementos más sectarios. Si hubiera respondido un 25% de lo que se merecían, habría sido expulsado ipso facto. Daba igual que a un insulto de gravedad 10 contestara con uno de importancia 2. El expulsado habría sido yo. Eso estaba más que cantado.  La moderación vivía en un brete y aguardaba el menor pretexto para expulsarme salvando algunas formas. De hecho la moderación siempre pensó que mi presencia en Atrio sería cosa de unos días. Muy a menudo he tenido mis mensajes retenidos. Como le ocurrió a mi último mensaje (de defensa ante el ataque bestial del  teólogo ateo, insultón oficial del foro) que estuvo dos dos días retenido hasta que, tras promesa firme por mi parte al moderador de que si lo publicaba abandonaría el foro, accedió a publicarlo. La indefensión fue total. Y la cobardía, la esperada.

 

Blanco y en botella: ni foro de debate ni encuentro entre lo sagrado y lo profano: agitación y propaganda puras y duras. Sectarismo y colaboración con quienes quieren hacer desaparecer todo resto de espiritualidad de la faz de la tierra. 

 

P.D. El insultón se despacha hoy (ha variado el discurso pero reincide en la manipulación) con retórica. A ver, duro de oreja: nadie ha intentado matar de hambre a ningún hijo que teniendo trabajo y no estando impedido para trabajar, lo ejerza. La frasecita evangélica de marras está perfectamente explicada en el contexto y no necesita de la sapiencia de teólogos (y menos ateos o maestros ciruela), que la expliquen. ¿Se va enterando el príncipe de la mentira? La frase que yo dejé y  que ni estuvo mal expresada ni cambiada, ni ninguna tontería de esas, es ella solita bien elocuente:  se da en un contexto en el que ciertos sujetos no daban palo al agua y Pablo les canta las cuarenta: “quien no trabaje, que tampoco coma”. Se entiende perfectamente sin exégesis. Y te vuelvo a recordar que quienes llevan en su ideario y en sus intenciones eliminar inocentes son tus amigos progres: eliminar niños inocentes en el vientre de sus madres, y si a esos niños inocentes se les detecta alguna deficiencia, razón de más para que tus amigos vean bien su eliminación para que no sean una carga social; la izquierda es quien habla siempre de eutanasia, es decir de eliminar  a capricho a los ancianos. Como el chiste: ¡y me quieren llevar al psicólogo porque me muerdo las uñas! No tienen jeta. 

 

Y como a ti te gustan las escenificaciones para hacer saltar la lagrimita, sobre todo de las mujeres, te contaré una anécdota que ejemplifica bien qué cosa es la ideología que profesas. Varios miembros destacados del gobierno progre visitaban un centro de disminuidos. Los representantes del poder perdían el culo por halagar a la concurrencia con frases bonitas como que ellos eran seres tan normales como los demás y por lo tanto eran defendidos por los poderes públicos y tal. Hasta aquí bien. La cosa se complicó cuando un angelito (porque de ángel se trataba) de aquellos aquejado de ciertas deficiencias le espetó: entonces, si somos normales como los demás y están aquí para apoyarnos, ¿por qué cuando detectan en el vientre materno que alguno de nosotros tiene alguna deficiencia aconsejan el aborto? No hay exégesis que libere a los cuentistas de su infamia: los que no han nacido no votan, sus  madres sí. 

 

Miguel González

 

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M


Lo que me he podido reír. Si es que hay cosas que les suenan de oídas pero cuando pretenden dar clases pues les sale la ignorancia que llevan dentro.


Saludos


 



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M


El "teólogo ateo" de atrio se descuelga hoy con este comentario que no tiene desperdicio: "Sería muy interesante entrar de lleno en los asuntos de la transhumación… (sic) se podría descrubrir
ciertos matices que aclararían muy bien el endiosamiento de ciertos VARONES".


 


Pues sí va a ser cosa de la trashumancia.


 


La criatura se refiere (él qué sabe) a la transustanciación, palabra demasiado larga
como para anidar en semejante centollo. 



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